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Jesucristo, muerto y resucitado, fuente de nuestra esperanza

Jesucristo, muerto y resucitado, fuente de nuestra esperanza

Paulinas Colombia |

Hay preguntas que atraviesan los siglos de una manera silenciosa: ¿quién fue realmente Jesús de Nazaret? ¿Por qué su vida y su muerte siguen inquietando la conciencia de la humanidad? ¿Y qué significa afirmar, en pleno siglo XXI, que Aquel crucificado vive?

La fe cristiana se sostiene precisamente en esa afirmación que, para muchos, resulta desconcertante y para otros profundamente luminosa: Jesucristo ha resucitado. No se trata de un simple símbolo religioso ni de un recuerdo piadoso del pasado; es el acontecimiento que da sentido a toda la historia de Jesús y que fundamenta la esperanza de los creyentes.

El libro Jesucristo, Muerto y Resucitado, fuente de nuestra esperanza, escrito por la hermana María del Socorro Barranza, FMA, el padre Hernán Darío Cardona, SDB, y el padre Argiro de Jesús Restrepo, PPS, nace precisamente con ese propósito: acercar al lector al misterio pascual de Cristo de una manera comprensible, integral y profundamente vivencial.

Los autores unen su experiencia pastoral, bíblica y teológica para ofrecer un camino que permite redescubrir el corazón del Evangelio: el triunfo de la vida sobre la muerte. Quien se adentre en estas páginas no encontrará simplemente un tratado académico, sino una invitación a contemplar el acontecimiento que cambió la historia del mundo.

El desafío de creer en la resurrección

Curiosamente, entre todos los misterios de la vida de Jesús, el que es más difícil comprender para el hombre contemporáneo es el de la resurrección. En una cultura marcada por el racionalismo, la prisa y la búsqueda de evidencias inmediatas, hablar de un hombre que murió y volvió a la vida puede parecer extraño, incluso incomprensible. Sin embargo, la fe cristiana no nació de una idea abstracta, sino de una experiencia: la experiencia de quienes se encontraron con el Resucitado. Aquellos discípulos que habían huido por miedo, que habían visto morir a su maestro en la cruz, comenzaron a proclamar con valentía que Dios lo había levantado de entre los muertos.

Ese anuncio transformó su existencia. Y desde entonces, generación tras generación, millones de hombres y mujeres han descubierto en Cristo resucitado la razón de su esperanza. Por eso, el objetivo central de esta obra es ayudar a comprender que la resurrección no es un mito ni una metáfora espiritual. Es el corazón mismo de la fe cristiana, el acontecimiento que revela definitivamente quién es Jesús y cuál es el destino al que está llamada la humanidad.

Jesús: una historia situada en la realidad

El libro comienza abordando una pregunta fundamental: ¿Jesús fue una realidad histórica o un mito religioso?

Para responder a esta inquietud, el primer capítulo sitúa a Jesús en el contexto concreto de la Palestina del Nuevo Testamento. Los autores presentan el ambiente geográfico, social, político, cultural y religioso en el que vivió el Nazareno. Este recorrido permite comprender que el Evangelio no surge en un vacío espiritual. Jesús caminó por caminos reales, habló con personas concretas, se relacionó con autoridades políticas y religiosas de su tiempo. En ese mundo marcado por tensiones sociales, expectativas mesiánicas y profundas búsquedas espirituales, su mensaje comenzó a resonar con una fuerza sorprendente. Al contemplar ese contexto histórico, el lector descubre que la figura de Jesús no pertenece al terreno de la leyenda. Su vida está profundamente entretejida con la historia de su pueblo. Y precisamente en esa historia concreta es donde se manifiesta el proyecto de Dios.

El Reino de Dios y el escándalo de la cruz

Una de las preguntas más profundas que surgen al acercarse a la figura de Jesús es la siguiente: si Jesús es el Hijo de Dios y anunció el Reino, ¿cómo pudo sufrir y morir en la cruz?

El segundo capítulo aborda esta cuestión desde el corazón del mensaje de Jesús: el anuncio del Reino de Dios. A través de parábolas, gestos de misericordia y encuentros transformadores, Jesús reveló un Reino que no se fundamenta en el poder ni en la fuerza, sino en el amor, la justicia y la misericordia. Sin embargo, ese anuncio tenía un precio. El Reino que Jesús proclamaba cuestionaba las estructuras injustas, desenmascaraba la hipocresía religiosa y abría las puertas de la salvación a quienes eran marginados por la sociedad. No es extraño, entonces, que su mensaje provocara resistencia y rechazo.

La cruz aparece, así como el resultado de una vida entregada radicalmente al proyecto de Dios. Jesús no muere por casualidad ni por debilidad; muere porque permaneció fiel al Reino hasta el final. En ese sentido, la cruz no es el fracaso de su misión, sino la expresión más radical de su amor.

“Dios lo levantó de entre los muertos”

Si la cruz parece cerrar la historia de Jesús, la resurrección la abre hacia un horizonte totalmente nuevo. En el tercer capítulo, los autores se adentran en los primeros testimonios del Nuevo Testamento sobre la resurrección. Para ello recurren especialmente a uno de los principales anunciadores del Evangelio: el apóstol Pablo. Las cartas a los Tesalonicenses, a los Gálatas, a los Corintios y a los Filipenses contienen algunos de los testimonios más antiguos de la fe pascual. En ellas aparece una afirmación central: “Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos” (cf. 1 Co 15, 20).

Para Pablo, este acontecimiento no es una idea teológica más, sino el centro de toda la predicación cristiana. “Si Cristo no ha resucitado, vana sería nuestra fe” (cf. 1 Co 15, 14). Pero precisamente porque ha resucitado, la vida tiene un horizonte nuevo. La resurrección revela que el amor de Dios es más fuerte que la muerte y que la historia humana no está destinada al absurdo.

El misterio del cuerpo resucitado

Otro interrogante que surge naturalmente es el que aborda el cuarto capítulo del libro: ¿qué significa hablar de la resurrección del cuerpo?

Los autores realizan aquí un interesante diálogo entre la tradición bíblica hebrea y la comprensión del Nuevo Testamento. En el mundo antiguo existían diversas ideas sobre la vida después de la muerte, pero la fe bíblica fue madurando progresivamente una esperanza particular: la esperanza en la resurrección.

En este contexto, el pensamiento de Pablo vuelve a ofrecer una luz profunda. En la primera carta a los Corintios, el apóstol habla del cuerpo resucitado como una realidad transformada por la acción de Dios. No se trata simplemente de volver a la vida biológica, sino de participar de una existencia nueva, plena y gloriosa. Esta reflexión invita a comprender que la resurrección no es solo un destino individual, sino una promesa que abarca a toda la creación.

Las mujeres: primeras mensajeras de la Pascua

Llama la atención que uno de los temas con gran relevancia del libro, aparece en el quinto capítulo: el papel fundamental de las mujeres en el anuncio de la resurrección. Los evangelios coinciden en señalar que fueron ellas quienes acudieron al sepulcro al amanecer del primer día de la semana. Allí escucharon el anuncio que cambiaría la historia: “No está aquí. Ha resucitado”.

En una sociedad donde el testimonio femenino tenía poco valor jurídico, resulta profundamente significativo que Dios haya confiado precisamente a las mujeres el primer anuncio Pascual. Su valentía, su fidelidad y su amor las convirtieron en las primeras testigos del acontecimiento central de la fe cristiana. Este dato evangélico recuerda que en el Reino de Dios cada vocación encuentra su lugar y su misión.

La fuerza transformadora de la resurrección

La resurrección de Jesús no es solo un acontecimiento del pasado; es una fuerza que continúa actuando en la historia. El sexto capítulo del libro muestra cómo la experiencia del Resucitado impulsó a los primeros discípulos a anunciar el Evangelio con una libertad sorprendente. Aquellos hombres y mujeres descubrieron que el centro del mensaje de Jesús era una ley nueva: la ley del amor.

El Reino de Dios, anunciado por Jesús, se abre a todos los pueblos, culturas y naciones. No excluye a nadie, porque el amor que brota de la Pascua es universal. La resurrección, por tanto, no se limita a una afirmación doctrinal. Se convierte en una fuerza capaz de transformar la vida personal y de inspirar la construcción de una sociedad más justa, fraterna y solidaria.

Una esperanza que no defrauda

El último capítulo del libro se centra en la esperanza cristiana, esa esperanza que, como dice san Pablo no defrauda. Esta esperanza no nace de un optimismo ingenuo ni de una ilusión pasajera. Surge de la certeza de que Cristo vive y camina con su pueblo. Por eso, la fe Pascual se aprende, se cultiva y se fortalece dentro de una comunidad concreta: la Iglesia.

Es en la vida cotidiana de las comunidades cristianas donde la esperanza se vuelve visible: en la solidaridad con los más pobres, en el perdón ofrecido, en la perseverancia ante las dificultades, en la búsqueda sincera de la voluntad de Dios. En medio de un mundo que muchas veces parece perder el horizonte, el testimonio de los creyentes recuerda que la última palabra no la tiene la muerte, sino la vida.

Caminar con el Resucitado

El libro Jesucristo, Muerto y Resucitado, fuente de nuestra esperanza invita al lector a recorrer un camino de encuentro con el Señor. Sus páginas ayudan a comprender mejor la fe Pascual y, al mismo tiempo, animan a vivirla con mayor profundidad. En un tiempo marcado por tantas incertidumbres, redescubrir la resurrección de Cristo es volver a encender la lámpara de la esperanza.

Mirar a Cristo muerto y resucitado es descubrir que el amor puede transformar incluso las noches más profundas. Y quien se deja tocar por esa verdad comienza también a convertirse en testigo de esperanza. Así, paso a paso, la Pascua deja de ser solamente una celebración litúrgica para convertirse en una forma de vivir. Una vida con gran apertura al futuro, confiada en Dios, y comprometida con la construcción de un mundo donde la luz del Resucitado siga iluminando la historia.

Además, esta obra no se limita a ofrecer una reflexión teológica sobre el misterio pascual, sino que se convierte en un verdadero instrumento de formación y crecimiento en la fe. A lo largo de sus páginas, el lector encontrará preguntas de reflexión y propuestas que permiten detenerse, dialogar y profundizar en los contenidos presentados. De esta manera, el libro puede ser utilizado tanto para la lectura personal como para espacios comunitarios de estudio y oración, favoreciendo un encuentro más consciente con el mensaje del Evangelio y con la experiencia del Cristo vivo.

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